Me lo envió una amiga, que a su vez lo recibió de un amigo:
Yo estuve ahí. Y me gustaría tener el don de mis amigas. Las que saben relatar lindo. Las que saben ser concretas para expresar mucho. Las que no dudan en escribir cuando les surge el deseo. Mis amigos también escriben; pero menos. Me gustaría tener los de todos ellos para no dudar en seguir este relato. Y me pregunto, porque tengo que ser breve. Confío en que sólo leerán esto los que lo deseen. Los otros sabrán, si comienzan, cuando parar.
Yo estuve ahí. Y no lo dudé, de que iba a estar ahí, desde el momento en que en medio de la sierra de Camboriú, donde no consigo tener conexiones con el celular, ni con la computadora, ahí, en medio de la naturaleza y alejado de los vestigios de la ciudad, decido encender mi celular por una corazonada y recibo como respuesta un beep de mensaje recibido. Y el mensaje fue lacónico: te enteraste quien falleció.
Yo estuve ahí. Y llegué solo. Aunque me hubiera gustado llegar acompañado, como un homenaje al amor que conocí. Y que hoy valoro.
Yo estuve ahí. Y sentí el dolor de los hijos, (los de sangre y los de la vida), sus mujeres, (las que compartieron días con él y las que no), los nietos, los sobrinos, los amigos, los alumnos, los colegas, por aquel que fue sabio, genio, creador, escritor, docente, antropólogo, investigador, artista, educador, psicólogo, filósofo, músico, hombre amante de todas las artes, de las ciencias, de las mujeres, del deseo, DE LA VIDA, de lo nuevo, de lo viejo, del abrazo, de la mirada a los ojos, DE LA PAZ, de la trasgresión, de los besos aceptados, de los besos robados, de los besos furtivos; todos títulos logrados en la vida cotidiana.
Yo estuve ahí. Y lloré. Lloré. Lloré. Desde que lo vi ahí, quieto. Expresando aún desde la quietud. Preguntándome como pudo morir alguien al que yo pensaba eterno. Y ahí sentí como nos ofrecíamos nuestros hombros con su hija, mi maestra, para llorar sabiendo que era cierto, que nos había dejado. Pero tranquilizándonos pues sólo se fue su cuerpo, no su mensaje. Y luego otros abrazos, otros llantos compartidos, otras emociones de ver a otros seres queridos que habían viajado desde los lugares lejanos donde estaban cuando les llegó la noticia.
Yo estuve ahí. Y vi como le dedicaron poesías, como le dedicaron canciones, como todos cantamos una de sus canciones preferidas, con fuerza y sin timidez, como buscando que nos escuche a cada uno de los que estábamos presentes. Y vi como sus seres queridos le dedicaron un último mensaje tan emocionados que nos hicieron llorar sin pudor antes de que su cuerpo bajara a la tierra que lo albergará de aquí en adelante.
Yo estuve ahí. Y estuvo bien. Me queda la sensación de quedar en paz por haber despedido en persona a quien generó la Biodanza que me permite ser feliz, sentirme pleno, sentirme luminoso, sentirme honesto, sentirme frontal en mis decires, sentirme viajero del mundo, sentirme con el compromiso de llevar un mensaje para aquellos que de verdad quieran ser referentes del amor, mirar a los ojos con sinceridad, bregar por un futuro de paz, de una paz cierta y no sólo desde la palabra, que quieran tomar decisiones que unan y no que desunan, y tantas otras cosas que evito decir pues transformarían esto en algo que no quiero que sea, un discurso casi político.
Alguien dijo de Rolando Toro Araneda que lo definía como un homo sapiens demens. Me encantó eso. Y otro que Rolando no respetó la curva de la vida en la que hay crecimiento, adultez y luego la curva regresiva a la vejez; que él siempre había sido curva hacia arriba. Cuantas verdades dichas con amor. Escuché poesías propias de Rolando y otras dedicadas a él. Escuché a alguien decir GRACIAS a todas las cosas que le dio en la vida dichas de un modo que no dudé que surgían del amor por ese hombre. Escuché (y otro milagro como el de Camboriú, entendí) palabras dedicadas en inglés, y una canción en ese idioma cantada con tal emoción que, tampoco dudé, surgía del amor.
Es que así era Rolando. Amaba sin contemplaciones. Y lo amamos del mismo modo.
Yo, modestamente, a aquellos que llegaron hasta acá, no les pido un rezo por él pues no tengo la certeza de sus creencias religiosas, pero si les pido en su honor, desde donde estén, que dancen, que pongan la música más bonita para ustedes, y dancen; que escriban una poesía, no importa si linda o fea; no importa, no importa si se la dedican a él o lo que sea, pero que escriban; que busquen a alguien adentro o afuera de la casa, que lo miren a los ojos y lo califiquen, que le digan algo lindo, y que le den abrazo, sin temor; que se conecten con el compromiso de seguir por este camino, que no se dejen boicotear el futuro, que no nos saquen esto que ganamos hasta ahora con ninguna excusa; y que tengan en nombre de Rolando y de cada uno de nosotros un pensamiento positivo. Si lo leyeron, gracias por la paciencia.
lunes, 22 de febrero de 2010
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