viernes, 6 de febrero de 2009

Los Duelos

Las pérdidas por muertes más importantes por las que atraviesa una persona en su vida son:

o Padres ante la pérdida de hijo.
o
o Hijos ante la pérdida de uno o ambos padres.
o
o Niños y Adolescentes que afrontan la pérdida de un ser querido.
o
o Personas que han perdido a su pareja por fallecimiento.
o
o Instituciones u organizaciones en casos de pérdida física de un compañero(a).
Hay distintas etapas de un proceso de elaboración del duelo: entre las más conocidas se encuentras las fases determinadas por Elizabeth Kubler-Ross:
- Rechazo de la verdad.
- Rebelión de la verdad. Bronca.
- Negociación: Compromiso con la verdad.
- Depresión: Abatimiento ante la verdad.
- Aceptación: Reconciliación con la verdad.
En general, toda persona atraviesa un duelo cuando tiene todo tipo de pérdidas (materiales, de personas, de empleos, de la salud, etc.) y culmina cuando llega a la aceptación, que es trascender el acontecimiento.
Cuando una persona rechaza el suceso que lleva al duelo, que es la reacción inicial, las hace permanecer en el mismo lugar o retroceder en su evolución como ser humano.
La primera aceptación es la propia. El doliente debe trabajar en conocerse a sí mismo para luego aceptar las cosas que le fueron sucediendo. Cuando se da cuenta de que es un ser espiritual con una manifestación material, que es su cuerpo físico, verá la parte no visible en todo y comprenderá que lo que le ocurre, aunque doloroso, tiene un sentido. Sólo debe estar atento para ver qué le dice cada suceso.
Cuando entre en su centro, se conocerá quién es y eso le bastará para darse cuenta de que la pérdida que tuvo no fue nada más que una marca positiva en su camino de crecimiento espiritual y le servirá para reconocer que la energía, de la que está compuesto como ser humano, es trascendente. Podemos decir que es energía divina.

El Tanatólogo, como acompañante espiritual no terapéutico, debe reconocer a cada una de las etapas por las que está atravesando su cliente y no imponerle nada sino ayudándolo a darse cuenta de quién es.
Podemos sugerirle a esa persona que acuda a profesionales de la salud mental, a sacerdotes, a pastores, a rabinos, a profesores de Yoga y otras disciplinas psicofísicas que le ayuden a mirarse para adentro, que es el lugar para hallar la verdadera sanación, la duradera, atravesando todas las máscaras o personajes que fue creando su ego a lo largo de su vida.
Un Tanatólogo logra su “maestría” actuando. No sólo debe adquirir conocimientos teóricos y conceptos, que son necesarios, sino que todo es cuestión de acción es imprescindible que interactúe y converse con los pacientes y sus familiares, con los equipos médicos, enfermeras, personal de funerarias, religiosos, etc.
En el trato con esas personas irá descubriendo que todos viven con miedos. Así mismo, se irá dando cuenta que el miedo básico que todos tienen, no es el miedo a morir, sino a NO SER y a desaparecer de la faz de la tierra y no haber dejado huellas.
Ese miedo raíz se elimina cuando la persona conoce su verdadero SER trabajando el desapego a las cosas y a las personas, lo que no quiere decir ser un desamorado o un irresponsable. Por el contrario, conociendo la verdadera esencia de su persona, ya no tienen cabida los celos, las envidias, las broncas, los enojos, los pensamientos impuros, los resentimientos y toda emoción negativa.
Las personas que tienen el conocimiento verdadero son las que viven el presente y sienten que son aceptados por todos, sólo por el mero hecho de existir.

De este modo, la Tanatología, como estudio multidisciplinario, contribuirá para que en la sociedad haya personas más sanas en todo sentido, incluido el Tanatólogo, y donde se pueda no sólo vivir sino convivir en paz y armonía con todas las personas y con la naturaleza.

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