viernes, 9 de enero de 2009

El Tanatólogo

El Tanatólogo, cuando toma contacto con una familia que tiene un paciente terminal o recientemente muerto, debe tener aceptada su propia finitud y muerte.
Para ello, debe hacer un profundo trabajo sobre sí mismo y llegar a despojarse de los personajes que fue construyendo a lo largo de su vida y así encontrar su verdadero SER,
Convivir con la muerte y el dolor, nos enseña a nosotros mismos a desapegarnos de las cosas, los afectos, las edades, la juventud, En fin, aprendemos a vivir.
Perder bienes y ganar otros, es el juego de la vida. No estamos acostumbrados a perder, por lo tanto, el duelo es el proceso de elaboración de una pérdida, sin lo cual nos costaría mucho continuar con el proceso de la vida.
Es necesario que el Tanatólogo tome distancia con el sufrimiento que va a encontrar a su alrededor y logre “disociarse” y sostener su propio rol. No ponerse como si fuese un familiar porque no llevaría alivio alguno.
Su función es , más bien, como un testigo válido, que escucha al moribundo y a sus familiares sobre lo que les está sucediendo y que no entienden por qué a ellos.
En este sentido, nosotros no podemos imponerle ninguna creencia o posición, sólo mencionar la “incomprensiblidad” de Dios, como dice el sacerdote alemán Anselm GRUN.
Es seguro que, a veces, tendrá que cumplir con la tarea que deberían realizar los hijos del enfermo, como es darle una caricia, un abrazo, estar algunas horas junto a ellos; pero que, por diversos motivos, su familia no los puede, no los quiere o no los sabe hacer.
Como buen profesional del duelo y las pérdidas, no debe esperar reconocimiento alguno de parte de nadie porque la personalidad debe quedar rendida ante la persona del Tanatólogo.
Acompañar es comprender al otro con amor y compasión, que es compartiendo la pasión sin ser el otro porque debe cuidar su salud integralmente. Es decir, debe lograr el arte de involucrarse sin quedar “pegado” al sufrimiento por tener la capacidad de ser testigos de lo que sucede a nuestro alrededor.
Lograr la aceptación de la muerte por parte del enfermo terminal y/o de sus familiares, es una de sus tareas más importantes. De este modo, el Tanatólogo logra que le encuentren un sentido a la muerte y al sufrimiento, que no se obtiene sólo con la resignación o sumisión a la pérdida por inevitable y que deja un resentimiento escondido, en el caso de los familiares, y un sinsentido a la vida por parte del muriente.
El apego hacia aquello que es perecedero es erróneo y causa dolor. Sólo el amor es eterno, ya que el alma nunca muere, y es lo que proporciona verdadera alegría.
El Tanatólogo debe ayudar a reordenar los roles en la casa del enfermo terminal porque todo es caos. Debe detectar quién toma decisiones, quién es el que tiene la voz cantante en las cosas urgentes y tratar de calmar los ánimos. Si hay una discusión, dejar hablar, escuchar y ver cómo se desenvuelven los miembros de la familia.
Cuando aparece la muerte, aunque sea luego de una enfermedad prolongada, siempre es imprevista y sorpresiva y la familia también se enoja y transcurre por los diversos estadios o fases que el paciente al que le anuncian una enfermedad incurable. Si todo el duelo se transita con los tiempos necesarios, se llegará a la aceptación final.
Debe haber mucho cuidado con la invasión porque detrás de la ira y la bronca hay un gran dolor.
También, el Tanatólogo tiene un deber de solidaridad para con el prójimo necesitado. Manifiesta una alta calidad ética cuando atiende a familias de escasos recursos con el mayor respeto y amor. Todo lo que uno da, luego nos es devuelto con creces por el Universo.



Personalmente, me interesé en la tanatología, porque creo en la causalidad de las cosas y no en la casualidad. Pertenezco a una familia que realiza servicios fúnebres desde hace más de 90 años y, a pesar de estar en contacto diario con el dolor de otras personas por perder a sus seres queridos, no había profundizado en toda la problemática de la muerte y del proceso del morir.
La muerte de otros me parecía como algo natural, pero no como algo cercano o que me pudiese pasar a mí o a mis allegados. De niño yo sabía que nos dedicábamos a este negocio y suponía que por ello siempre reinaba un aire de solemnidad y de poco hablar entre los miembros de la familia
En los dos primeros grados de la escuela fui objeto de algunas burlas, por parte de algunos compañeros. Luego, cuando fui creciendo, me di cuenta de que lo mismo me ocurría en otros lugares que frecuentaba y dejé de darle importancia a las bromas porque pensé que el humor era utilizado por las personas como un mecanismo de defensa o para disimular el dolor que provoca la muerte propia o la de un ser querido.
Hasta la Edad Media tanto la muerte como el nacimiento eran públicos. En los velatorios se contrataban a las lloronas o plañideras que incentivaban el llanto de los familiares y deudos en general. Desde mediados del siglo XX, la tendencia es a ocultar o disimular la muerte tanto a niños como a adultos. Un niño nunca ha visto un muerto, salvo por TV o Cine. Con la cultura de la juventud eterna, la muerte aparece como alguna falla o mácula de la que no debe hablarse (especialmente los médicos).
Se muere no en el hogar, sino en terapias intensivas, los velatorios son más cortos o se suprimen, los rituales fúnebres (misas, responsos) son simplificados o anulados, etc.
Las empresas funerarias hemos seguido la tendencia de nuestros clientes, tal vez, por falta de preparación propia o para no quedar fuera del mercado.
Las salas velatorias las hemos construido para que asemejen a salones de fiestas por fuera y por dentro, les hacemos maquillajes y tanatopraxia a los muertos (embalsamamiento por un tiempo determinado), los coches fúnebres no tienen nada de pomposos y se parecen a vehículos particulares, ya no se construyen panteones familiares en los cementerios trayendo mármoles importados o ángeles tallados por artistas de renombre, es normal que de noche se cierren las salas velatorias y los familiares se retiren a sus domicilios a descansar, la familia compra el ataúd más barato o solicita el que le corresponde por la mutual, etc.
Estos fueron algunos de los cambios que estaban y están ocurriendo en los rituales funerarios.
Cuando comencé en ese camino de búsqueda, me di cuenta que debía conocerme primero a mi mismo para luego poder tener otra visión de lo que es el negocio funerario en sí.
Fui aprendiendo que es más fácil hacer el entierro de un muerto (servicio fúnebre) que un entierro “psicológico” de cualquier pérdida o abandono. Los traumas no resueltos y viejos personajes que iba arrastrando, no me dejaban ver con claridad quién era yo, de dónde venía y cuál era el propósito en mi vida.
Fue de gran valor para mí, comenzar a perdonarme a mí mismo y, mejor aún, quererme a mí mismo porque soy esencialmente un ser espiritual, como todos los seres humanos, y que mis “relaciones periféricas” o EGO me impedían ver.
Los distintos tipos de meditaciones me permitieron mirarme para adentro pensando en el SER espiritual que soy y me di cuenta que debo aprovechar el cuerpo físico que me fue dado para realizar esa búsqueda interior que, por otra parte, es como ir al dentista: indelegable.
La Madre Teresa decía: dar y no esperar nada. Ese amor incondicional es lo que me permite visualizar las cosas de otra manera, incluída a las empresas fúnebres, porque se me produjo un cambio de
.
Me di cuenta que el amor es una conexión de alma a alma. El alma ama a otra alma, cuando tomamos conciencia de ello.
No quiero decir con ello que no debamos cobrar por nuestros trabajos profesionales. Por el contrario, el cliente valorará más los servicios prestados porque notarán que no somos una empresas común y corriente, como otras, sino que somos empresas “transpersonales”, que van más allá de lo físico o visible con los sentidos y que tenemos en cuenta al ser humano en todas sus dimensiones: física, mental, emocional y espiritual.
Cuenta mi padre que, su padre Antonio, siempre les decía a sus diez hijos que había que “ayudar”. Se refería a las tareas hogareñas, donde los hermanos mayores cuidan a los menores, pero como en una empresa familiar no hay límites precisos entre una y otra institución, luego, ese mandato se extendió en ayudar en las tareas de la empresa.
Hoy en día, debemos darnos cuenta que son las familias de los fallecidos las que requieren de nuestra ayuda antes, durante y luego del velatorio.
Creo que llegó el momento en que nuestra funeraria familiar extienda su grado de atención a los clientes integrando la “cadena” tanatológica que comienza cuando se detecta una enfermedad terminal y concluye cuando los familiares aceptan la muerte del ser querido, luego del trabajo de elaboración del duelo.
Tal vez, un establecimiento para gente de la tercera edad, llamados geriátricos, estarían también dentro de esa cadena tanatológica y que podrían integrar nuestro negocio.
En cuanto a las funerarias, los familiares podrán sentir que son tenidos en cuenta no por lo que pagan sino por la atención y el homenaje hacia aquellas personas que han muerto, pero luego de haber vivido plenamente, y la contención y cuidado hacia los familiares en tránsito hacia otra etapa de sus vidas.
Los familiares o “dolientes” son personas que se encuentran en esos “no lugares” o sitios intermedios porque ya no están donde estaban y no llegaron adonde van.
San Juan de la Cruz llamaba a esa etapa en la vida como la “Noche oscura del alma”. Es un tiempo en que se encuentran en la búsqueda de un sentido a la vida, con una mirada hacia adentro. A veces se encuentran solos porque les parece que todos se han ido de su lado, no son comprendidos y que aparecen como bichos raros en sus lugares habituales.
Esto nos puede suceder a nosotros, los “nuevos” directores funerarios, cuando, con la nueva mirada y cumpliendo con la función tanatológica, nos interroguemos: ¿qué estoy buscando?, ¿quién soy?, ¿qué estoy persiguiendo?, ¿en qué empleo mi tiempo? ¿me preparo para la muerte? ¿qué sentido le doy a mi vida?
Recuerdo la pregunta de Woody Allen: “¿Hay vida antes de la muerte?”.

El trabajo tanatológico puede ayudarnos a dar las respuestas a esas preguntas tan antiguas como la historia de la humanidad. Ya los primeros filósofos decían que filosofar era prepararse para morir.


En cuanto al mantenimiento saludable del Tanatólogo, la práctica de

es fundamental. Especialmente, con esta última, con la que conseguiremos recobrar fuerzas en forma rápida cuando lo necesitemos. Es más, deberíamos adquirir la costumbre de vivir relajados, como los grandes yoguis que duermen solamente 4 horas por día.
Muchas personas que tienen insomnio van al médico para que les den pastillas para dormir. Creo, que ese no poder dormir es una señal que nuestro cuerpo nos envía y nos dice que tenemos que mirar para adentro y relajar concientemente los músculos para que descansen éstos pero no nuestra consciencia.
Con ese tiempo dedicado a la mirada interior, que es poniéndonos en observadores de nuestros pensamientos y no tratar de suprimirlos, es cuando nos acercamos a nuestro verdadero SER o esencia divina para lograr la paz con nosotros mismo y el mundo.
La profesora colombiana de Biodanza, Myriam Sofia LOPEZ, escribió una maravillosa tesis de graduación sobre
, que se puede encontrar en este sitio:

La
es una disciplina que trabaja la afectividad en grupos mediante la música, el movimiento y la emoción que ayuda a revitalizar y aumentar la autoestima.
Otra técnica corporal es el Movimiento Corporal Expresivo de Río Abierto:
También, es muy efectiva porque nos permite relacionarnos con otras personas solidarias y que buscan el bien común.
El
es otra disciplina milenaria que se originó en la India y tiene múltiples beneficios para los practicantes. Entre otros:

- Reduce el estrés
- Mejora la postura corporal y la alineación de la columna.
- Aumenta la flexibilidad, el equilibrio, la fortaleza y la resistencia.
- Proporciona equilibrio, agilidad y tono muscular.
- Aumenta la vitalidad, la energía y la relajación.
- Retarda el proceso de envejecimiento.
- Aumenta la circulación de la sangre.
- Pérdida de peso.
- Mantiene en forma las articulaciones y fortalece los músculos alrededor de las articulaciones.
- Mejora el sistema inmunológico.
- Alivia los dolores de cabeza y espalda.
- Reduce síntomas de enfermedades crónicas.
- Aumenta la autoestima.
- Proporciona una sensación general de paz y bienestar.
El
es un sistema de armonización natural que utiliza la Energía del Universo para nuestro beneficio y el de otras personas.
El Reiki actúa no solo a nivel físico sino que se refleja en el nivel emocional, espiritual y mental y devuelve a todos nuestros niveles a su estado natural de equilibrio otorgando una sensación de bienestar y alegría. Para realizarlo no requiere lugares especiales o materiales determinados, solo basta las ganas de dar y recibir reiki.
Tanto el que da o el que recibe Reiki sienten los efectos de la sanación, esta se percibe como un estado de equilibrio, armonización y serenidad.
La
es la manera que tiene el ser humano para hablar con Dios. En todas las religiones se nos enseña a pedirle alguna gracia o fuerzas al Creador o para agradecerle lo que hemos recibido.
La
es la manera que tiene Dios para hablarnos. Por eso, debemos estar atentos a las manifestaciones que nos vienen a través de las sensaciones físicas.
Para complementar lo anteriormente escrito, aconsejo repetir el siguiente
u oración:
La tanatología es la ciencia de la muerte y del morir. Es decir, se incorpora a la persona que está muriendo en su estudio y continua en el momento del velatorio, para concluir, luego de un tiempo variable de trabajo de elaboración del duelo, cuando los familiares aceptan la muerte de su ser querido y, en definitiva, la propia.
El Tanatólogo tiene una importante función social que cumplir. Para ello, él mismo debe tener en claro que nadie puede dar lo que no tiene. Debe tener trabajado personalmente muchos de los interrogantes que se hace la humanidad desde su creación.
Preguntas como: ¿quién soy? ¿de dónde vengo? ¿adónde voy? ¿cuál es el propósito de la vida? ¿qué sentido tiene la vida? Y otras, deben ser reflexionadas casi permanentemente, como aconsejaban los antiguos filósofos.
Debe saber distinguir los bienes externos (como son las posesiones materiales, la fama, el reconocimiento) de los bienes internos, que sólo se logran con una mirada hacia adentro de uno mismo.
El Tanatólogo debe aprovechar su trabajo como una escuela de aprendizaje. Es una oportunidad imperdible, cuando está en contacto con uno de los extremos de una vida, para desarrollar buenas intensiones y relacionarse con familiares dolientes y probar su capacidad personal.
Debe utilizar las cualidades positivas que se encuentran latentes en su interior para hacer del trabajo algo que le ayude a crecer integralmente como persona y sea una experiencia enriquecedora.
No olvidar de cuidar, de alguna forma, a los que cuidan a los enfermos terminales como son enfermeras, parientes, empleados, etc.
Las empresas transpersonales u holísticas son comunidades de personas que compiten en un ambiente muy hostil, como es el mercado actual, por medio de la calidad humana de su gente, comenzando por sus accionistas y directivos.
A igual servicio, la diferencia la hace el Recurso Humano, en base al trabajo en equipo y a la creatividad del grupo y a valores compartidos. Debemos desarrollar la fuerza personal. Si los individuos son más fuertes, la empresa es más fuerte.
La riqueza no es producto del capital sino de la inteligencia. El cliente debe sentir que recibe más de lo que paga.
Una funeraria de este tipo debe acercarse a la ciencia, al arte, a la espiritualidad, a las religiones para lograr el verdadero éxito, que es el duradero, que se logra con paciencia, amor, respeto, ecuanimidad y solidaridad.

Hugo José CARAMUTO
Rosario, 10 de diciembre de 2008