Un hombre entregado pero temeroso de lo que pediríamos a cambio nos esperaba con ganas de que seamos ese oasis de paz que él y su esposa estaban necesitando.-
Traten de proponerse metas cortas, ámense y únanse mas que nunca, si los amigos ya no vienen fomenten su propia amistad, vivan y transiten el duelo como un verdadero homenaje a Nicolás.-
Don Alfredo es el papá de Nicolás, tercer hijo de un matrimonio que nunca pensó que tergiversaría, lo que equivocadamente llamamos ley natural de sepultar a nuestros padres, luego de presentarle a Ariel (mi compañero de visita, con quien me unió la misma cicatriz en el corazón por la perdida de un hijo), Alfredo, ya trasladándonos hasta su departamento nos daba indicios de la existencia de un duelo activo y aparentemente sano rescatando que el mismo había servido para acercarse como nunca a su prima Silvia, (antropóloga conocida que nos recomendó), ya ahí pudimos apreciar que el podía ver la luz de un propósito, su ropa estaba limpia su pelo bien cortado y su afeitada era claramente del día, el horario en que nos había citado era el que le permitía su actividad (es profesor de Educación Física) la que había retomado parcialmente para mantenerse activo, actitud que antes de abrir la puerta de su departamento, ya nos atrevimos en común con Ariel, a felicitar.- Con una forzada pero agradable sonrisa nos esperaba Miriam, su esposa, quien había tenido en su vientre a Nicolás y la que rodilla en piso había clamado a Dios durante los trece días de la terapia de su hijo para que no se lo llevara y se lo llevó, entonces no existe, es decir se lo llevó pero no existe, contradictorio discurso propio de su duelo y muy común del misterio nunca totalmente debelado como es la muerte.-
Distendiendo la situación decidí tranquilizarlos contándole que éramos dos compañeros de trabajo que habíamos pasado por el mismo que ellos, y que motivados por la fuerza del amor nos habíamos puesto de acuerdo para darles una mano tan solo acompañándolos, que nosotros no lo curaríamos de nada, que la varita mágica que a ellos les gustaría tener nosotros también la reclamamos en su momento, pero descubrimos que no existe, que esa cicatriz lleva un tiempo relativo a cada ser humano y que no puede cerrarse hasta que no se transita por un camino que no es nada agradable, pero que indefectiblemente hay que transitar descubriendo el verdadero propósito del mismo.- Lo relajante para ellos fue la convicción de que no le impondríamos una iglesia, no los afiliaríamos a ningún partido político ni le cobraríamos la visita, esa Situación que creyeron y nuestro idioma en común comenzó a amenizar la charla.- En este momento dicen los que están experimentado que es cuando se debe hacer uso de nuestra anatomía, recordando que tenemos mas orejas que bocas debemos callar para escuchar dejando que el deudo manifieste todo lo que tienen contenido, dado que muchas veces por no debilitar al resto de la familia (en este caso hay tres hijos mas, uno de ellos casado y con dos nietos) suelen ahogar su llanto el que seguramente explotará por algún lado.- Don Alfredo muy familiarizado con la palabra entrenamiento, por su actividad, sabia que tendría que esforzarse pero admitía que perdía fuerzas y que cuando creía estar cerca de la meta, muchas veces lo desilusionaba su retroceso, lindo sonó para él la palabra normal, pude explicarle que si bien un duelo tiene etapas que sortear, las mismas no son absolutas ni estructuradas, tienen avances y retrocesos, pero que la luz de la aceptación llega algún día de la mano del tiempo transcurrido que no borra nada pero por lo menos cicatriza.- Sus ejemplos de autoayuda fueron varios, pero el que más grabado me quedó fue el que él titulo autoengaño, cuando necesita tener a su hijo cerca, se contesta, esta disfrutando del día en la florida, pero la hora de habitual regreso llegaba y la momentánea mentira consoladora llegaba a su fin, descubrió que era peor, por lo tanto optó por tenerlo dentro de su cuerpo y de su piel con una actitud que nos termino asombrando sobremanera, levanto sus dos mangas y mostrando sus antebrazos lució orgullosos dos tatuajes en tinta china y letra cursiva que decían te amo Nicolás.- En ese momento a todos se nos arrugo el alma y pudimos consolarnos admitiendo que La Clarita de Ariel, Mi Franquito y Su Nicolas estarían compartiendo un maravilloso lugar en común, no sabemos si se llama cielo, pero nos conformo concluir que seguramente alguien o algo superior cuyos pensamientos no son los nuestros había decidido que ellos no estén aquí, quien sabe con que propósito.- Miriam sentía que sus nietos la necesitaban pero que no estaba apta para complacerlos, hoy solo estaba saliendo a caminar con una amiga, sus fluctuaciones son tremendas, hace dos días no podía ver ninguna de las fotos de su hijo, motivo por el cual las había escondido, tal vez mañana vuelva a necesitarlas, también sintió regocijo ante la palabra sintomatología normal, logró entender que la entendíamos y así fue como vimos ir transformando su alma.- Ariel les hablo, muy frontalmente de la indudable posibilidad de que hallan pensado en suicidarse, ahí vi como Alfredo abrió sus dos ojos claros muy grandes, como aprobando que habíamos dado en la yaga, al unísono concluimos que no era ninguna solución.- Ese desconcertado jefe de familia, con su autoestima muy baja se animó a preguntarnos si nuestra vidas habían cambiado, indudablemente nuestra respuesta fue si, éramos hombres mas fortalecidos y con un extenso umbral del dolor ensanchado por la circunstancia misma, eso hay que capitalizarlo como una virtud que seguramente puede servir para ayudar a otros.- Me salió explicarles como se origina una perla preciosa, anécdota que escuchaban muy atentamente, ellos no sabían que el nácar que la forma se emana de una herida producida en la ostra la cual como mecanismo de defensa segrega un liquida llamado nácar que termina formando esas piedras tan preciosas llamadas perlas.- Seguramente Dios quería sacar algo precioso de ellos.-
Con evidentes síntomas de ansiedad controlada, Don Alfredo había decidido esperarnos en la puerta de su departamento cito en el séptimo piso de la calle Ovidio Lagos al 2800. - Sin conocernos, su postura física me decía que ese era el hombre que veníamos a visitar, a él le pregunte por la torre siete, ( mi humilde experiencia me había permitido acertar), una mano estrechada con sincera expresión me contestaba usted debe ser Félix, mucho gusto, Sylvia me hablo muy bien de usted, el gusto es mío Don Alfredo.- Sinceramente el gusto era mío, su dolido caso y sus ganas de encontrar respuestas me estaban permitiendo practicar tanatología exequias no solo como hacemos hasta hoy en las primeras 48 horas sino cuando ya ni los buenos amigos quedan, por que no saben como hacerlo, cuando el cuerpo parece desplomarse porque duele en su totalidad, cuando la idea del suicidio ya entro y salió varias veces en la mente, cuando levantarse cada Día es un peso indescriptible, cuando la realidad parece la peor de las pesadillas, cuando la culpa, la bronca, la ira y el odio rebalsan el alma, allí tiene que estar esa materia prima tan buscada en la humanidad llamada AMOR para neutralizar esa atmósfera, para contener sin invadir, para acompañar solo con el estar, para atenuar el dolor con la sola presencia, para ayudar a desahogar solo escuchando, para permitir que el alma se limpie con ese llanto que no debe molestar a nuestros oídos, trayéndonos como el mejor de los trofeos las lagrimas que no llegaron al piso porque nuestro desinteresado hombro las neutralizó.- En ese anclaje psicológico cuando el doliente ya no piensa ni razona solo siente, debemos asistir con Amor (sin la materia prima no se lograría el objetivo) a ese cliente que esta necesitado de nuestra experiencia no solo para estar sino también para seguir estando.- No sé si ese hombre desbastado por las circunstancias se acordara alguna vez de la sala en donde estuvo, del auto que lo llevó, o del ataúd que eligió, de lo que estoy seguro nunca olvidará es de ese momento que pasamos juntos homenajeando a su hijo.-
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario